Identificas los modelos económicos implementados en México durante el
periodo de 1940-1982
Objetivos
de aprendizaje:
·
Modelos económicos precedentes a 1970 y movimientos sociales.
·
Modelo económico de desarrollo compartido.
·
Modelo de alianza para la producción.
·
Relación de México con organismos financieros
internacionales.
·
Transición al neoliberalismo
Competencias:
Identificas
los modelos económicos • previos a 1970 para ubicar el
origen de la crisis estructural de la economía mexicana y los movimientos
sociales que se desarrollaron en el periodo.
Distingues los
rasgos relevantes del modelo económico de desarrollo compartido, describiendo
su impacto en los ámbitos económico y social.
Explicas la
implementación del modelo de alianza para la producción, a través del estudio
de las políticas que se instauraron en el ámbito nacional y local.
INTRODUCCIÓN:
En este bloque analizaremos varios aspectos de la política
económica mexicana de la segunda mitad del siglo xx hasta nuestros días.
Podrás identificar muchas de las particularidades históricas y socioeconómicas
que sentaron bases de las instituciones, políticas públicas y sociedad que en
la actualidad nos definen y distinguen como país en el concierto
internacional. Te recomendamos que utilices los modelos y conceptos que te
brindamos en el bloque anterior, con ello se te facilitará la interpretación y
comprensión de la información del presente bloque.
Modelos económicos
precedentes a 1970 y movimientos sociales:
En el siglo xx, la economía de México sufrió varios cambios
como consecuencia de la transformación del mundo y la conformación de un
mercado global más dinámico, integrado y –aparentemente– estable. El
intercambio de mercancías y capitales, así como los crecientes flujos
migratorios de hombres y mujeres, han sido determinantes para la definición de
la economía nacional, internacional y planetaria. Después de la Revolución
Mexicana de 1910, la economía de la nación fue fortaleciéndose gradualmente
mediante el trabajo permanente de hombres y mujeres y merced a una política
económica que sostenía el fortalecimiento de las finanzas estatales y de los
capitales nacionales, en relativo detrimento de la inversión extranjera.
El periodo histórico que comprende los
años de 1970 a 1982 en México es identificado como la “docena trágica”, debido
a que los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo no lograron
recuperar al país de la crisis social, política y económica que sobrevino poco
después del importante año de 1968; por el contrario, casi todas las
estrategias que aplicaron tuvieron efectos colaterales que agudizaron los
problemas que supuestamente serían resueltos. Más aún, en ese periodo México
disponía de amplios recursos por el incremento de los precios del petróleo,
situación que no logró aprovecharse ante la mala administración y la
corrupción imperante en el sistema político mexicano.
Ambos gobiernos cimentaron muchas de
sus iniciativas mediante el aumento del gasto público, lo que provocó un
déficit en las finanzas del Estado y no tuvieron otra opción más que recurrir
al endeudamiento, tanto externo como interno, generando una inflación que llegó
prácticamente al 100% y con una moneda devaluada en 500%. Esto, a su vez,
redujo la capacidad competitiva de los productos nacionales frente a los
extranjeros.
En un intento por sostener a la economía, en 1979 se
recurrió a la exportación del petróleo, pero no fue suficiente; por el
contrario, esta medida repercutió en el debilitamiento del campo mexicano y la
agudización de muchos otros problemas de carácter nacional.
Modelo de sustitución de importaciones:
Al término del gobierno
socialista de Lázaro Cárdenas del Río en 1940, México había definido muchos
aspectos de su economía y política en referencia a la manera en que el país
debía de organizarse con la finalidad de mejorar la calidad de vida de los
mexicanos. Entre los esfuerzos logrados por el gobierno cardenista y sus
aportaciones al desarrollo de la nación destacan la expropiación petrolera, la
nacionalización de los ferrocarriles y otras empresas, la consolidación de
escuelas básicas y superiores, centros e institutos de investigación (como el
inah y el ipn) y el reparto agrario.
Hasta este periodo, la
política económica se concentró en la construcción de una infraestructura
básica que agilizara el desarrollo de México. Las principales inversiones del
gobierno hasta 1940 se canalizaron en vías y medios de comunicación
–carreteras, ferrocarriles, telecomunicaciones, etc.–, así como en la
explotación y producción de hidrocarburos, generación de energía eléctrica y
construcción de grandes obras hidráulicas que, de manera conjunta, tenían la
finalidad de suministrar materias e insumos a bajo costo destinados a solventar
las necesidades de las pocas empresas e industrias que las requirieran y, en
general, del país mismo.
Sin embargo, los gobiernos posteriores
al cardenismo habrían de ajustar la política económica de México teniendo en
consideración varios aspectos importantes dentro y fuera del país, como el pago
de indemnizaciones a países y empresas extranjeras por la política de nacionalización
cardenista, la relación México-Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial, la
Guerra Fría impuesta en todo el orbe por las diferencias entre la Unión
Soviética y Estados Unidos, la participación de capitales extranjeros en la
economía mexicana, etc. Debe precisarse que en realidad estos procesos, en
grado diverso, influían y repercutían de manera directa en la industria, el
comercio, la agricultura, la desigualdad, la migración y el empleo o desempleo
de los mexicanos.
Con el gobierno de Manuel Ávila
Camacho en 1940, comienza una nueva etapa en la política económica del país
conocida como modelo de “sustitución de importaciones” o del “milagro
mexicano”, que terminaría en 1968.
Este modelo económico tenía como
finalidad principal generar dentro de la incipiente cadena productiva mexicana
mercancías y bienes de consumo que por mucho tiempo se conseguían sólo en el
extranjero a precios altos, es decir, productos o bienes de importación.
Este periodo se caracteriza porque el
gobierno decidió concentrar muchos de sus esfuerzos en la industria, en
detrimento del desarrollo agrícola. El gobierno, los industriales y los
productores mexicanos coordinaron esfuerzos para obtener en México lo que
anteriormente se conseguía en otros países.
Este modelo contribuyó a ampliar y
consolidar la industria mexicana, al tiempo que impactó positivamente para
atraer la inversión al país, generar empleo y mejorar la producción. Esta
situación favorable se debió también al hecho de que muchos de los países que
fungían como potencias económicas y políticas (Francia, Inglaterra, Estados
Unidos, la urss, Alemania, Italia, etc.) sufrieron serias consecuencias como
resultado de su participación en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la cual
afectó también a su complejo industrial y productivo. Habrían de pasar muchos
años para que las economías de aquellos países lograran de nuevo su estabilidad
económica.
Para que la política económica del
modelo de desarrollo estabilizador fuera viable, el gobierno se comprometió a
apoyar y proteger a la industria mexicana, la cual no lograba consolidarse por
la falta de una política de continuidad y estrategia para el desarrollo del
país; la corrupción de funcionarios y políticos representó otro factor que
limitó en forma considerable las posibilidades del desarrollo nacional.
A partir de 1940, el gobierno de Ávila Camacho y los
gobiernos posteriores –hasta la década de 1950– decidieron apoyar el desarrollo
industrial del país a través del modelo de “sustitución de importaciones”. Para
tal fin, estos gobiernos pusieron en práctica las siguientes estrategias:
Priorizaron
las necesidades del mercado interno mexicano, protegiendo a la industria
nacional de la extranjera.
• Construyeron
obras de infraestructura (carreteras, presas, ampliación del suministro
eléctrico, etc.) para apoyar el desarrollo de la industria y del sector de la
agricultura extensiva o comercial.
• Aplicaron
políticas fiscales para favorecer a las empresas e industrias en México,
destacando las del cemento, fertilizantes, productos químicos, siderurgia y
productos metálicos.
• Mantuvieron
el control estricto del aumento de los salarios de los trabajadores.
• Produjeron
materias primas y recursos energéticos (electricidad, gas, petróleo) baratos.
• Otorgaron
créditos para el desarrollo y fortalecimiento de la industria de la
transformación (manufactura).
• Ofrecieron grandes apoyos para facilitar la importación
de equipo de trabajo, herramienta y maquinaria especializada.
En este modelo de política económica
se inscriben las administraciones de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), Miguel
Alemán Valdés (1946-1952) y Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958). La aplicación de
este modelo implicó una disminución en el apoyo gubernamental que
anteriormente recibían tanto las actividades agrícolas como las pecuarias. La
calidad de los productos fabricados en las industrias y empresas mexicanas no
era del todo buena en comparación con los mismos productos elaborados en el
extranjero, lo que delataba fallas, errores o vicios dentro de la cadena
productiva mexicana.
La aplicación de este modelo contribuyó a estimular la
comercialización de productos extranjeros de manera clandestina, generando un
mercado negro de productos de importación denominados popularmente como
“fayuca”.
Modelo de desarrollo estabilizador
A partir de la década de 1950, el
gobierno federal ajusta varios aspectos medulares del modelo económico
desarrollado hasta entonces; se opta por establecer un nuevo modelo denominado
“desarrollo estabilizador”, el cual entraría en vigor durante la administración
del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964).
Los objetivos de este modelo se
concentrarían en mantener un mayor control y estabilidad de los precios,
salarios y la moneda nacional (el peso) con respecto al dólar, pues desde
entonces la moneda estadounidense mostraba claros signos de estabilidad. El
gobierno contribuyó a estimular la inversión privada mediante diversos
incentivos fiscales que generaban grandes ganancias a la élite empresarial y
capitalista mexicana, creando con ello –de forma paralela– una derrama
económica expresada en empleos para una amplia gama de trabajadores
(calificados y no calificados), fundamentalmente en la ciudad.
El modelo de desarrollo estabilizador
apoyó la producción de bienes intermedios como cartón, papel, ropa,
plaguicidas, colorantes, etc., así como la producción de maquinaria y
herramientas cada vez más especializadas.
Entre los propósitos que dieron
sentido a este modelo se encuentra la intención de modernizar el complejo
industrial, generando –lamentablemente– una dependencia de las grandes
metrópolis en las cuales tuvo lugar el auge tecnológico con aplicaciones
industriales, como Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, etc.; México era y es
dependiente del desarrollo tecnológico, científico e industrial en otros
países.
Bajo la administración del presidente
Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), el gobierno promovió la diversificación de las
industrias con la finalidad de competir en nuevos mercados y ampliar el
espectro de oportunidades para la generación de empleo y la consolidación de
las diversas cadenas productivas. En este sentido, destaca el sólido apoyo
brindado tanto a la industria automotriz como a la petroquímica. Precisamente,
esta última rama sería uno de los ejes más importantes para la definición de la
política económica mexicana en los gobiernos posteriores.
Bajo el modelo de desarrollo
estabilizador también se inscriben las administraciones de Luis Echeverría
Álvarez (1970-1976) y la primera mitad de la gestión de José López Portillo
(1976-1982). En este último régimen se pone en marcha el Plan Nacional de
Desarrollo Industrial durante los años 1979-1982.117 Identificas los
modelos económicos implementados en México durante el periodo de 1940-1982
Al volverse la
industria el eje de la política económica mexicana, las ciudades que las
albergaban (como México y Monterrey) inmediatamente se volvieron polos de
desarrollo y atracción para miles de campesinos pobres, que migraban para
emplearse como obreros o en otras actividades relacionadas con el auge que la
industria creaba en las urbes.
En este sentido, el caso más
emblemático fue el de la Ciudad de México, en donde se asentaron muchas
industrias en virtud de ubicarse en el centro del país y contar con la
infraestructura necesaria para el desarrollo de esta actividad tan
especializada, y también por ser la capital del país.
Por consecuencia, la Ciudad de México
experimentó un crecimiento incontrolable y caótico hacia su periferia, ante la
llegada de millones de campesinos que anhelaban trabajar en la industria, lo
cual ocasionó graves problemas de hacinamiento, insalubridad e inseguridad.
En términos generales, el periodo
1940-1970 se define a partir de un acelerado crecimiento económico que
benefició únicamente a la élite empresarial y política nacional. Los amplios
sectores de las clases trabajadoras lograron –en el mejor de los casos–
mantenerse en las mismas condiciones que antes, es decir, en este periodo el
ingreso no se distribuyó de igual forma en la sociedad, manteniendo un
consistente sistema de clases bajo el marco del modo de producción y
organización social capitalista.
Los modelos económicos impulsados en este periodo en México
(tanto por el gobierno como por la élite empresarial) no contribuyeron de
manera sustancial en la mejora de la calidad de vida de todos los mexicanos.
Por tales razones, al periodo de 1940-1970 también se le denomina como crecimiento
concentrador del ingreso, durante el cual solamente una parte de la
sociedad fue beneficiada, mientras que la mayor parte de la población se
mantenía marginada tanto económica como políticamente. En gran medida, tal
estado de cosas va a constituir el cimiento de la crisis que experimentaría el
país durante 1968
Movimientos
sociales
Después de la Revolución Mexicana de 1910, el sistema
político mexicano fue construyéndose de manera paulatina, en gran medida
gracias a los consensos logrados entre los políticos de proyección nacional y
los caciques regionales, el corporativismo de grandes gremios o sectores de la
sociedad en torno a líderes –con frecuencia inescrupulosos y abyectos– que
estimularon la corrupción, la siembra de favores-cuotas y la complicidad. En
sus orígenes, el sistema político mexicano no fue democrático y más bien
obedecía a la imposición de los intereses de los grupos políticos y
empresariales más poderosos.
Mediante el liderazgo de Plutarco
Elías Calles y Lázaro Cárdenas, el sistema político mexicano se regularizó y
descansaría posteriormente en la estructura del partido de Estado, en la figura
del presidente de la República y en los poderes locales y/o caciquiles. Sin
embargo, estas bases no serían suficientes para desahogar, dar cauce y resolver
las exigencias y demandas de diversos grupos disidentes pertenecientes a
distintos sectores de la sociedad, como campesinos, obreros, maestros,
médicos, ferrocarrileros, estudiantes, pueblos indígenas, etcétera.
El sistema político mexicano quedó
acotado en 1968: el movimiento estudiantil y popular exhibió las limitaciones
del sistema y del gobierno, cuya incapacidad para actuar y resolver muchas de
las demandas y exigencias de los mexicanos quedó demostrada. Contrariamente, el
gobierno manifestó su signo violento y represor en contra de sus propios
ciudadanos, al abatirlos utilizando al ejército el 2 de octubre en la Plaza de
las Tres Culturas en Tlatelolco. En ese sitio, muchas personas murieron y
otras fueron desaparecidas por efectivos del ejército y otras fuerzas
militarizadas que actuaron bajo órdenes del presidente Gustavo Díaz Ordaz. En
la actualidad aún se desconoce con certeza el número real de los muertos y
desaparecidos de aquella fecha.
La manifestación más evidente de la
crisis económica, política y social del país hacia 1970 había sido la terrible
represión del movimiento estudiantil y popular de 1968. Por ello,
posteriormente tanto Luis Echeverría como López Portillo consideraron necesario
legitimar sus gobiernos frente a la percepción de una sociedad cada vez más
defraudada por el grado de cinismo y corrupción de la élite política de la
época.
Así, una de las iniciativas del gobierno fue la adecuación
y definición de la política social, enfatizando varios aspectos en torno a la
educación y el desarrollo social. De tal manera, la política social se orientó
a proveer educación, salud, vivienda y equipamiento básico para apaciguar a una
sociedad más exigente impaciente.
Modelo de Desarrollo compartido:
Al comienzo de la administración de
Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), se desarrollaron nuevas estrategias para
mejorar el modelo económico del país. En principio, hubo dos elementos que
estimularon esta iniciativa en la reorganización de la economía nacional:
a)
El entorno internacional que comenzaba a revelar con mayor
contundencia la importancia y dependencia del petróleo –y sus numerosos
derivados– en todos los mercados del planeta, siendo México un país productor
de este hidrocarburo. El petróleo es la base que sustenta el modelo de organización
económica y social del capitalismo como lo conocemos en la actualidad; directa
o indirectamente, el petróleo y sus derivados están presentes en nuestra
cotidianidad. Los países que lo administran influyen directamente en la
economía política del planeta.
b)
La trascendencia política y social del movimiento
estudiantil y popular del 2 de octubre de 1968 y su réplica del 10 de junio de
1971, también llamado el halconazo, ante el cual el gobierno ejerció la
coerción y la violencia en contra de los ciudadanos. El sistema político
mexicano se mostró incapaz de generar consensos políticos entre la gente que
demandaba mayores libertades ciudadanas y una mejor calidad de vida. Una nueva
generación de mexicanos jóvenes exhibió el grado de censura, intolerancia y
agresión del gobierno, cuyo sistema político era obsoleto y corrupto. Como
resultado, la élite política mexicana (concentrada en el PRI) ampliar los
márgenes de participación política para la ciudadanía.
Bajo un sentido social y político, la
estrategia económica del presidente Luis Echeverría pretendía una
redistribución del ingreso, es decir, que éste fuera más equitativo e incidiera
directamente en mejorar la calidad de vida de todos los mexicanos.
A esta estrategia se le denominó “desarrollo compartido”,
la cual surge como una respuesta ante la inequitativa distribución del ingreso
que había caracterizado a México en los últimos 30 años, y tenía como uno de
sus ejes principales el gasto público, es decir, el gasto que realiza el
gobierno en sus diversas actividades (por ejemplo, pagando más y mejores
salarios a los trabajadores al servicio del Estado y/o construyendo grandes
obras), el cual se incrementó sustancialmente. El gasto ejercido por el
gobierno era mayor a los ingresos del mismo, es decir, el gobierno de
Echeverría gastaba más dinero del que lograba captar.
En el marco de la estrategia del
“desarrollo compartido”, se proyectó homogeneizar los polos de desarrollo
regional en distintos puntos del país para abatir el rezago o la marginación
en ciertas zonas o regiones, así como evitar la concentración industrial en
algunas localidades. Paralelamente, la iniciativa de Echeverría suponía que iba
a aliviar la enorme presión producida por las demandas sociales que se habían
expresado durante 1968. El objetivo principal de esta estrategia era lograr
una mayor justicia social para los mexicanos, ajustando el modelo económico. En
los hechos no fue así.
Muchas veces el gobierno echeverrista
expresó su preferencia y compromiso –frente a las situaciones de adversidad
que afrontaban–, con los países del llamado “tercer mundo”, es decir, aquellas
naciones que como México tenían que lidiar y negociar con las potencias
mundiales para poder financiar sus respectivos desarrollos económicos y/o deudas.
Esta postura causó mucho desconcierto en los grandes empresarios, pues
suponían que el gobierno podría enajenarles sus bienes o limitar sus ganancias.
Las expectativas generadas por el
“desarrollo compartido” no se cumplieron, puesto que en el sexenio completo se
experimentó una crisis financiera paulatina, tanto que el crecimiento
económico del país fue inferior al obtenido en los últimos 30 años (en
promedio, durante la administración de Echeverría fue de 6%). A ello
contribuyeron en gran medida los bajos precios del petróleo en el mercado
mundial, por lo que a partir de 1973 el gobierno estuvo obligado a intervenir
en muchos aspectos de la economía, con resultados muy limitados o pobres.
El costo de los servicios y precios aumentó, al mismo
tiempo que el peso se devaluó hasta en 40%, el producto interno bruto (pib)
disminuyó y la inflación se incrementó de manera acelerada. En general, la
economía del país entero dependía más que antes de los capitales del
extranjero.
De tal modo, para 1976 era evidente una incontenible fuga
de capitales del país, que contribuyó a colapsar aún más la endeble economía
nacional. El gobierno reaccionó pidiendo préstamos en el extranjero,
incrementando la deuda y utilizando abruptamente las reservas económicas. Esto
repercutió en una pérdida del poder adquisitivo de los mexicanos; las gasolinas
y la canasta básica incrementaron su valor.
Los resultados de las medidas tomadas por el gobierno
fueron adversas. Frente al desalentador panorama económico, se agudizaron problemas
sociales y políticos como el desempleo, la corrupción, el narcotráfico y la
“guerra sucia”, y varías células guerrilleras aparecieron en distintos puntos
del país.
Modelo de Alianza para la producción:
Cuando José López Portillo asume la presidencia
(1976-1982), se goza de una relativa estabilidad por la contención de la crisis
económica del sexenio pasado. El anuncio del descubrimiento de grandes reservas
petroleras en territorio nacional generó un fuerte optimismo en la élite
política y empresarial de la época, pues fue un estímulo para que el país
volviera a ser sujeto de créditos y los inversionistas se interesaran de nuevo
en él. Pero eso no era suficiente para, como diría el propio López Portillo,
“administrar la crisis”.
Con un impulso aparentemente
progresista, López Portillo establece nuevas estrategias para superar los
escollos económicos dejados por la administración pasada. Propone un nuevo
ajuste al modelo de desarrollo económico de México, al cual denomina “alianza
para la producción”, y que se enmarca en las siguientes iniciativas:
• El gobierno coordinó esfuerzos entre
los principales actores de la producción (tanto del Estado como de la
iniciativa privada) para impulsar y fortalecer todo el aparato productivo del
país.
• Una reforma administrativa en el
interior del gobierno con la intención de no duplicar funciones y volver más
ágil el aparato burocrático-administrativo, que incidiera en facilitar la
superación de la crisis económica.
• Una reforma de carácter político, que
ofreciera mayor legitimación al gobierno y su aparato de Estado (instituciones,
empresas paraestatales, funcionarios, etc.), frente a la sociedad y a la
iniciativa privada. La reforma política contribuiría a hacer posible las otras
dos iniciativas.
El presidente López Portillo llegó a anunciarle a los
mexicanos que, para 1976, “en lugar de acostumbrarnos a vivir en la pobreza,
deberíamos aprender a administrar la abundancia” (Gollas, en Bizberg y Meyer).
Craso error. El ímpetu de su optimismo era tan grande como los alcances que más
tarde tendría la crisis económica que iba a sufrir el país entero.
Los altos precios del petróleo en los mercados
internacionales y los hallazgos de reservas petroleras en territorio nacional
estimularon el gasto del gobierno, incentivando aparentemente el
fortalecimiento de la economía nacional. En principio, el efecto generado fue
el aumento del empleo y de la inversión privada, que de forma conjunta
estimularon el fortalecimiento del pib.
Más tarde, los precios del petróleo fijados por el mercado
internacional bajaron repentinamente, y el peso de nuevo se sobrevaluó. Para
entonces, el gobierno mexicano había derrochado una gran cantidad de dinero en
su gasto social, suponiendo que los precios del petróleo no bajarían.
Una nueva carestía embargaba el futuro del país. Para 1981,
73% de todas las exportaciones de México se concentraban en un solo producto:
el petróleo. En 1982 la inestabilidad económica se agudizó; para ese año, el
crecimiento del pib fue de 0.6%, la inflación se disparó casi en 100% y las
reservas del país equivalían a lo que se importaba por concepto de mercancías
en un mes (18,000 millones de dólares); es decir, México se encontraba
prácticamente en bancarrota. Otros factores relevantes influyeron en la crisis
económica de ese año, como la especulación política efecto de la elección
presidencial, la nacionalización de los bancos (bajo decreto del 1 de
septiembre de 1982), la falta de recursos para solventar los intereses y
créditos obtenidos por México años atrás, la dependencia tecnológica del país
del extranjero, la fuga de capitales, entre otros.
La expectante bonanza –prometida por López Portillo– había
sido sustituida por una de las peores crisis económicas que el país sufriera a
lo largo de su historia. Al igual que en el sexenio de Luis Echeverría, el
promedio de crecimiento anual de la economía en el mandato de López Portillo
fue de seis por ciento.
Una de las principales características que distinguieron el
modelo económico impulsado por el gobierno en el periodo 1970-1982 fue la
participación y expansionismo del Estado dentro del mercado, particularmente
por su interés en apropiarse y dirigir empresas (paraestatales) cuya dirección
no fue la más apropiada, pues con relativa frecuencia eran mayores los gastos
generados por su funcionamiento que las ganancias obtenidas. Además de la
corrupción en el gobierno y en sus paraestatales, muchos otros problemas se
incrementaron a la par, como la insalubridad, el desempleo y subempleo, el
analfabetismo, el narcotráfico, entre otros.
Relación de México con organismos financieros
internacionales
(FMI, BID, BM)
México, América Latina y el Caribe
tienen en común muchas características similares. No tan sólo comparten un
continente o hemisferio del planeta, sino que también han experimentado de
forma parecida diversos procesos históricos, sociales y políticos como
consecuencia de su conquista y colonización por las metrópolis europeas, con la
finalidad de explotar sus recursos naturales y humanos.
En este sentido, al hablar de América
Latina se hace referencia a una gran región que se explaya desde el Río Bravo
–ubicado al norte de México– y llega hasta la punta del Cono Sur. Esta amplia
región ha sido escenario de diversos proyectos políticos, como el de Simón
Bolívar (1783-1830), quien deseaba integrar en una sola nación a las diversas
repúblicas latinoamericanas o, en contraparte, la “Doctrina Monroe” (1823),
principio político establecido en el primer tercio del siglo xix por Estados
Unidos y por el cual se afirmaba bajo un sentido imperialista la supremacía de
éste en la región frente a las potencias europeas: “América para los
americanos”, es decir, “América para los estadounidenses”.
En la actualidad, México, América
Latina y el Caribe luchan para defender sus soberanías en contra de los
intereses de aquellas naciones que utilizan prácticas imperialistas en aras de
cuidar sus intereses comerciales o políticos.
Después de la Segunda Guerra Mundial,
el planeta fue dividido en dos grandes órdenes: el capitalista y el socialista.
Estados Unidos hegemonizó contundentemente al primero, mientras el segundo fue
liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El mundo se
había dividido en zonas de influencia entre ambos países, y Estados Unidos
reiteró y formalizó su influencia sobre América Latina.
Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, las
antiguas potencias europeas se hallaban devastadas y no estaban en condiciones
de frenar el ímpetu del desarrollo estadounidense expresado en lo económico,
científico, tecnológico, político y militar; en este tenor, Estados Unidos
logró definir sustancialmente el modelo de organización social y modo de
producción capitalista, con el objetivo de garantizar su supremacía
internacional.
Así, Estados Unidos logró que sus
capitales y mercancías circularan libremente en la zona de influencia que le
correspondía, a manera de fortalecer su complejo industrial, sus diversas
cadenas productivas y sus capitales financieros, aunque ello implicara
intervenciones militares u operaciones secretas para impedir el establecimiento
de gobiernos socialistas que interfirieran en sus intereses, como en los casos
de Chile (1973), en contra del presidente Salvador Allende; en Nicaragua
(1981-1990), en contra de la revolución sandinista; o el asedio y embargo
económico en contra de Cuba, desde que se instaura un régimen socialista como
producto del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, entre otros casos más. En
época reciente, el régimen estadounidense ha manifestado su inconformidad con
los actuales gobiernos de fuerte signo socialista de Hugo Chávez en Venezuela,
Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Dilma Roussef en Brasil.
Entre el 1 y el 22 de julio de 1944 se
realizó la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas –también
conocida por el nombre de Acuerdos de Bretton Woods–, en la cual se
establecieron las características de la nueva organización económica y
financiera para los países cuya productividad industrial sobresalía del resto.
Se acordó establecer el uso del dólar como moneda para las grandes
transacciones internacionales, en virtud de que era respaldada por la economía
más fuerte mundo: la de Estados Unidos. La estabilidad del dólar aportaba la
base necesaria para que el sistema económico y financiero del mundo se
sustentara en éste, toda vez que agilizaría toda clase de operaciones
(préstamos, pago de deudas, cambio de divisas, transacciones, inversiones,
etcétera).
Entre los resultados de esta
conferencia, también se estipuló la creación del Banco Mundial (BM) y del Fondo
Monetario Internacional (FMI), que comenzaron a funcionar desde 1946. Ambas
instituciones fueron diseñadas como entidades internacionales que permitieran
organizar y sistematizar muchas de las operaciones financieras entre los países
miembros.
El Banco Mundial fue concebido para financiar proyectos de
desarrollo económico que permitieran a los grandes empresarios internacionales
invertir sus capitales aminorando los riesgos de pérdida, suponiendo que las
inversiones exitosas generarían empleos y una derrama económica en los países
que los acogieran. El FMI se creó con la finalidad de generar estrategias y
modelos para ajustar los desequilibrios económicos en los países que lo
requirieran, a fin de agilizar el intercambio de mercancías y capitales en el
contexto internacional.
|
Sexenio
|
Total
de la inversión
|
Crecimiento
(%)
|
Nueva
inversión
|
Crecimiento
(%)
|
|||||
|
Luis Echeverría Álvarez
|
1970
1976
|
3,714.4
5,315.8
|
43.1
|
1,601.4
|
------
|
||||
|
José López Portillo
|
1982
|
10,786.4
|
102.9
|
5,470.6
|
241.6
|
||||
|
Miguel de la Madrid Hurtado
|
1988
|
24,087.4
|
123.3
|
13,301.1
|
143.1
|
||||
|
Carlos Salinas de Gortari
|
1994
|
84,799.1
|
252.0
|
60,711.7
|
356.4
|
||||
|
Ernesto Zedillo Ponce de León
|
2000
|
146,254.3
|
72.5
|
61,455.2
|
1.2
|
||||
|
Vicente Fox Quezada
|
2001
|
165,127.2
|
12.9
|
18,902.9
|
------
|
||||
Con estos organismos internacionales,
la economía mundial de carácter capitalista comenzó a reorganizarse bajo el
liderazgo estadounidense, el cual se manifestaba tanto en la alta diplomacia
como en una comprobada belicosidad. En este tenor se desarrolló la Guerra Fría
entre los intereses estadounidenses y los soviéticos: ambas potencias
representaban una forma de organización social, fundamentadas en el capitalismo
y el socialismo, respectivamente.
Más tarde, en 1959, nace el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), con la consigna de generar proyectos de
desarrollo económico, expresados en las áreas de lo social, infraestructura,
inversión e institucional, para facilitar la integración de América Latina y el
Caribe en sus intercambios comerciales. Entre sus objetivos se encuentra
reducir la pobreza mediante un crecimiento estable de las economías de los
países de esta región. El BID fue creado para contribuir en el fortalecimiento
del sistema económico-político definido por los estadounidenses, refrendando su
liderazgo en la región.
La antiquísima relación bilateral de
México con Estados Unidos facilitó a nuestro país su participación en esta
nueva organización económica internacional. México, al carecer de recursos
suficientes para planificar su desarrollo y/o pagar sus deudas con el
extranjero, en diferentes ocasiones acudió a estos organismos para solventar
sus múltiples necesidades.
Después de 1970, el sistema económico mundial entró en
crisis, provocada en gran medida por la repentina alza del petróleo y la
desaceleración de la economía estadounidense frente al fortalecimiento de las
antiguas potencias económicas europeas y asiáticas que mostraban signos de vida
nuevamente. Sólo los países petroleros, como México y Venezuela en América
Latina, fueron relativamente beneficiados por los incrementos del valor del
crudo, cuyo precio se triplicó.
El Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, si
bien es cierto que fueron y son instituciones que han facilitado créditos y
recursos para aliviar las crisis económicas de los países que lo necesitan,
también han definido e impuesto condiciones y políticas a los países deudores
con la intención de salvaguardar los intereses de los grandes inversionistas y
empresas transnacionales (Coca Cola, General Electric, Kellogg´s, Volkswagen,
Ford, Repsol, etcétera).
Esta situación ha orillado a
países como México a sacrificar la calidad de vida de amplios sectores de la
sociedad en aras de mantener en relativa estabilidad el complejo macroeconómico
del país (la bolsa de valores, el sistema bancario, la entrada de divisas, la
estabilidad del peso, el control de la inflación, etc.), a fin de privilegiar
los intereses de la élite política y empresarial. En este sentido, las
recomendaciones del FMI, el BM y el BID han sido muchas veces catastróficas
para el desarrollo integral del país, pues solamente se han concentrado en
velar por los intereses del sistema económico internacional y no por los
intereses más elementales (empleo, alimentación, salud, educación, etc.) de los
amplios sectores menos favorecidos de la sociedad.
Transición al
neoliberalismo
El neoliberalismo es un concepto que
hace alusión al liberalismo, el cual originalmente se erige como una corriente
política y filosófica –con alcances económicos y sociales– impulsada con mayor
vehemencia a finales del siglo XVIII y principios del XIX en Europa, como
reacción al régimen feudal y aristocrático que limitaba las libertades
sociales, políticas y económicas de las personas.
El liberalismo suponía que el
individuo en libertad –sin las ataduras del vasallaje o la esclavitud– estaría
facultado para generar beneficios propios, así como colectivos, que se
reflejarían inmediatamente en su sociedad. Proponía que una de las formas de
lograrlo era a través de la igualdad de las personas, mediante la regulación de
un régimen democrático que aboliera los fueros y privilegios de la nobleza
europea, en ese entonces.
También pugnaba por un Estado que no
se entrometiera en las relaciones comerciales de los individuos, quienes por
sí mismos y mediante su trabajo generarían las bases necesarias para concretar
su propio desarrollo y paralelamente el de su país; por lo tanto, no necesitaban
vivir bajo el mandato de un rey o señor feudal que limitara sus libertades.
En esencia, el neoliberalismo obedece
a las mismas nociones que el liberalismo, sólo que las actualiza y radicaliza
al extremo de suponer que las dinámicas y exigencias de las relaciones
comerciales y de trabajo deben ser las que finalmente regulen el
funcionamiento de la sociedad, sin que el Estado intervenga o depare en ello,
pues de lo contrario implicaría una limitación a la iniciativa empresarial, y
con ello a la libertad intrínseca del individuo. Esto, en los hechos, faculta
a la clase alta a desarrollar todas sus iniciativas empresariales, las cuales
muchas veces menoscaban los derechos y bienes de la sociedad (o de una parte
importante de ella), sin que el Estado intervenga o la regule.
Entre 1978 y 1981 comienza a generarse una serie de
transformaciones sustanciales en el modelo económico capitalista, como
reacción a las políticas del Estado benefactor posterior a 1945. En su lugar,
se propuso el modelo neoliberal o neoliberalismo, en el cual el Estado es
reorganizado paulatinamente en su capacidad de definir y controlar varios
aspectos económicos y sociales relativos a su población. Bajo estas
adecuaciones, se fortalece la participación de la iniciativa privada en varios
sectores que antes figuraban como facultades y dominios únicos y exclusivos
del Estado y sus paraestatales.
Esta transformación permitió que los
capitales, consorcios e inversionistas más poderosos comenzaran a participar
activamente en economías distintas a las de su nación de origen. En realidad
esto no es nuevo, en todo caso lo es la magnitud con la que se realizaron estas
inversiones, así como los ramos en que se concretaron, como son los recursos
estratégicos de los países (alimentación, agua, energía eléctrica,
hidrocarburos, tecnología de vanguardia, salud, educación, industrias
culturales, etcétera).
Para que eso fuera posible, los
gobiernos optaron por disminuir –y en casos extremos evitar– el pago de
aranceles e impuestos que normalmente cobraban a los inversionistas o empresas
extranjeras interesados en las economías de sus países; incluso llegaron a
modificar sus propias constituciones y leyes reglamentarias para hacer efectiva
la participación extranjera.
Por lo tanto, al liberarse los grandes
capitales e inversiones y adquirir una enorme fluidez en cualquier parte del
orbe, muchos economistas comenzaron a visualizar que la economía del planeta se
había globalizado, es decir, que el mundo comenzaba a unificarse en un solo
sistema económico y financiero. En el momento de la desaparición de la URSS en
1991 se apuntalaba una integración económica total, pues con la separación de
los países del bloque socialista su tendencia era a incorporarse al bloque
capitalista en su fase neoliberal, lo que no significó –necesariamente– una
mejoría radical en la calidad de vida de los ciudadanos de aquellos países.
Así, en primera instancia, el
neoliberalismo promueve en efecto mayores libertades en el plano económico,
que no necesariamente se reflejan en mayores libertades sociales o igualdad
social para el ciudadano común y corriente. Una de las grandes críticas al
neoliberalismo es que se caracteriza por estimular la concentración de la
riqueza en un sector mínimo de la sociedad (la clase alta), mientras que las
limitaciones, carencias y/o pobreza embargan al resto de la población.
Es decir, el modelo neoliberal promueve un
crecimiento económico sustentado en una relación de asimetría social, en la
cual forzosamente debe haber pobres para que existan ricos.
Por tales razones, esta doctrina económica convierte al
Estado únicamente en un garante y gestor para el desarrollo de las dinámicas
económicas impulsadas bajo la lógica del mercado y el capital, que tienen como
objetivo central generar excedentes y beneficios que muchas veces son
inaccesibles a las clases media y baja. Esto en los hechos contribuye a
polarizar y agudizar las grandes diferencias entre los sectores, grupos y/o
clases sociales que integran a la sociedad; o sea mientras existe una élite de
gente con muchos recursos económicos, subsisten millones de personas pobres.
La implantación del neoliberalismo ha
generado una mayor competencia entre los países y ha estimulado intensamente
los flujos migratorios en diversas partes del mundo con un patrón de Sur a
Norte, como es el caso de los africanos que migran a varios países de Europa,
o bien de los mexicanos y centroamericanos que buscan el “sueño americano”. La
migración es hoy, en todas partes del mundo, uno de los fenómenos que se ha
agudizado con la aplicación del modelo económico neoliberal.
Entre los años 1978-1981, las primeras naciones en el mundo
que comenzaron su transición al modelo neoliberal –o neoliberalismo– fueron los
gobiernos de Inglaterra, en la gestión de Margaret Thatcher (1979-1990); Chile,
durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990); China, bajo el mandato de
Deng Xiaoping (1978-1997), y Estados Unidos, con la presidencia de Ronald
Reagan (1981-1989).
|
Actividad:
Contesta: (valor 10%)
¿Qué es el neoliberalismo?
¿Qué pugna o busca el neoliberalismo?
¿Qué instituciones internacionales surgieron o fueron creadas?
¿Qué es el acuerdo Bretton Woods?
¿Por qué el dólar se estableció como moneda de cambio?
¿Qué países del mundo se
convirtieron en socialistas?
¿En qué año desapareció la URSS?
¿Qué sucedió en el mundo 1978 a 1981?
¿Cuáles son las consecuencias del neoliberalismo en el mundo?
¿Qué países fueron los primeros en adoptar el neoliberalismo?
Elabora:
Una línea del tiempo
con los modelos económicos: de 1940 a 1982 (valor 20%)
Anexa imágenes relacionadas con cada uno de los modelos
y periodos presidenciales. Cuida la ortografía y la redacción. Valor : de
evidencias 50% y examen 50%
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||